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Soy gordo Soy Gorda

¡Soy gord@!

La presión sobre las personas con sobrepeso es incesante. Además de las continuas y aterrorizantes advertencias sobre los daños a la salud, se hacen comentarios que ponen en tela de juicio su valor como seres humanos. Las personas obesas desarrollan la convicción de que el principal tema de su vida es la gordura. Si bajan de peso, serán felices. Si adelgazan, tendrán amor y respeto.

Al hablar de los mitos y realidades del sobrepeso, debemos abordar tanto los conceptos sobre el ser gordo como las cuestiones médicas. Hay un exceso de información relativa a lo que funciona y no funciona para bajar de peso, y en esa selva, la persona afectada por esta condición se extravía y pierde el equilibrio.

Es necesario despojar el tema de la obesidad de sus connotaciones moralizantes y subjetivas, es decir, de identificar el sobrepeso de una persona con su inteligencia, voluntad, limpieza, bondad o capacidad laboral.

Verdades y mentiras en torno al sobrepeso

Los gordos comen demasiado. No todos. Existen personas que acumulan exceso de grasa sin comer más que otras personas que están delgadas. De hecho, existen muchas personas bajas de peso que devoran enormes cantidades de alimento sin lograr subir de peso y sufren por ello. No siempre la ecuación calorías=grasa es cierta.

Para bajar de peso, sencillamente se debe comer menos. Esta idea parte de la concepción mecánica de que, a más comida, más grasa. Pero el proceso fisiológico de acumular grasa es muchísimo más complejo que sólo eso. Nadie le cree a una señora gorda cuando asegura comer mucho menos que su esposo, siendo él una persona delgada. En el proceso de acumular grasa inciden cuestiones hormonales, emocionales, genéticas y mucho más.

Estar delgado es sinónimo de salud. Falso también. Existen otros indicadores mucho más reveladores de la condición de salud de una persona, como su capacidad cardio-respiratoria, su presión arterial (hay muchos flacos hipertensos), sus circunstancias labores y familiares. Existen gordos sanos, por más asombroso que le parezca a muchos.

Estar a dieta es signo de fuerza de voluntad. Quizá lo sea, pero también es cierto que la dieta es una agresión contra el cuerpo y entre la lucha entre la voluntad de la mente y las necesidades corporales, siempre ganará el cuerpo. Cuando el cuerpo pone en juego toda su capacidad neuroquímica para exigir lo que necesita—alimento—no hay voluntad que sirva, a menos, claro, que se sufra de un grave trastorno mental y emocional denominado anorexia.

Pesar mucho es estar gordo. Depende. En el cuerpo humano hay músculo, agua, huesos, grasa, piel y tejidos blandos. Cuando uno se sube a la báscula se pesa todo el conjunto y no siempre una pérdida de peso indica una pérdida de grasa; como no siempre ser pesado implica tener mucha adiposidad. Los jugadores de fútbol americano son grandes, muy pesados y casi no tienen grasa en sus cuerpos (tienen muchísima masa muscular). Hay gente menuda que pesa muy poco y que sin embargo, proporcionalmente, tiene más grasa en su organismo que gente que se ve más gruesa.

Comer sin parar es muestra de debilidad de carácter. Comer compulsivamente es un problema emocional, en efecto, pero catalogarlo de debilidad de carácter es incorrecto. Comer en exceso es una conducta similar a fumar, drogarse o apostar patológicamente. Son adicciones, es decir, conductas que por su recompensa neuroquímica, enganchan a la persona en un círculo que es muy difícil romper. Y ojo, no siempre el comedor compulsivo sufre sobrepeso. Hay algunos que tienen la suerte de no engordar y por ello, su conducta es vista con humor. Sólo se juzga negativamente al gordo.

“Si no he adelgazado es porque no he encontrado la dieta correcta”. Para empezar, debemos dejar de pensar en “dieta” como sinónimo de recorte de alimentos para bajar de peso. Dieta es todo lo que consumimos habitualmente. Y la dieta correcta es aquella que le da a tu cuerpo lo que necesita para funcionar felizmente. Entrar periódicamente en etapas donde se limitan severamente los nutrientes lleva a bajas de peso temporales, que el cuerpo interpreta como hambruna y por ello, mejora su capacidad de captar y retener grasa para futuras temporadas de hambre. Es por eso que ponerse a “dieta” hace que la gente engorde más y más.

“No importa si subo unos kilos, me pongo a dieta y listo”. Desde el punto de vista estético, efectivamente, pareciera que lo que importa es bajar. Hay personas que viven en ciclos de exceso-privación de alimentos, bajando con hambre lo que subieron con descontrol. Creen que mientras se pierda el peso de más todo va bien, pero no es así. Más importante que unas cuantas lonjitas, es lo que sucede dentro del cuerpo y en este vaivén el corazón es el que sufre. Cuando quemas grasa, ¿qué sucede con los residuos? El corazón bombea más fuerte para sacar los desechos a través de la sangre, para llevarlos a los riñones, sobre todo si estás bajando a mucha velocidad. En el sube-baja de peso, el corazón trabaja de más, muchas veces en un entorno de falta de nutrientes. Y he aquí una gran verdad: para la salud es mucho peor subir y bajar de peso, que permanecer gordo, pero estable.

La obesidad lleva a la diabetes. Depende. La diabetes es un trastorno del metabolismo que impide regular la cantidad de glucosa en la sangre. Bombardear al cuerpo con alimentos muy altos en azúcar refinada—refrescos, dulces, galletas—eventualmente puede arruinar la capacidad de regular la presencia de la glucosa en la sangre, la cual es una función de la insulina, hormona producida por el páncreas. Si se parte de la noción básica de que los gordos lo están porque son los que comen más cosas dulces, entonces se considera que la obesidad es factor de riesgo para la diabetes. Pero si existen flacos que comen mucha azúcar, tendrán el mismo riesgo, aunque no presenten sobrepeso.

Los gordos están demasiado bien alimentados. No. De hecho, parece ser lo contrario. Muchos gordos reportan tener hambre todo el tiempo, lo cual puede ser signo de ansiedad emocional, pero también puede ser señal de desnutrición. Hay desnutrición cuando el cuerpo carece de sustancias esenciales para su funcionamiento y en muchos casos, el cuerpo de la persona gorda está muy necesitado de ciertos nutrientes y por eso no deja de mandar señales de hambre, en la espera de que esos elementos le sean proporcionados (www.endocrinologist.com).

Ya que la gordura es grasa, debemos eliminar las grasas de la alimentación para poder adelgazar. La grasa es un elemento esencial para las funciones del cuerpo humano, si no, no existiría. Eliminar las grasas por completo afecta las funciones hormonales de forma grave. Lo mismo vale para los carbohidratos. Lo que sí deberíamos eliminar de nuestra alimentación por completo son todos los alimentos altamente industrializados que consumimos cotidianamente.

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